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Los que entonces levantaban ciudades, hacían girar las ruedas y los vientos, torcían el cauce de los ríos y del hambre, alzaron la piedra, el puño, la palabra. Crecieron bajo las banderas. Hundieron la espesa tiniebla del miedo instaurado. Los tuve frente a frente una tarde, cuando huía de la silla constrictora. Me tendieron sus manos de futuro. Junto a ellos construí mi corazón y mi casa.
Gabriel Impaglione |
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